Camino a la felicidad

Hoy desperté
y mi corazón después
de mucha inquietud, está tranquilo.
Nada me molesta, nada me causa tristeza;
se ha ido la angustia de la misma forma en que se
han ido secando mis lágrimas.


Tengo esa edad
en la que pienso que
soy lo suficientemente
vieja para saber qué es lo
mejor, lo suficientemente joven
para que no me afecte ni me importe
lo que otros piensen de mí.

No pretendo borrar nada de lo que he vivido, porque cada vivencia me ha hecho ser lo que soy ahora; lo bueno y lo malo son cosas que no pretendo cambiar, ahí están y me han ayudado a ser más fuerte. Confieso que nunca pensé que lo fuese.


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Tampoco quiero más clavos sacando otros clavos, ni coronas de espinas cargando pesadas culpas; me doy cuenta de que he ido soltando todas las cargas, las he dejado atrás; se irá cayendo mi piel muerta y dará paso a la nueva, libre, limpia y sin ataduras mentales. No quiero enfrentar el futuro mirando hacia atrás, pues estaría destinada a fracasar.


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Pero sí quiero que los demonios que me atormentaban, encuentren su propia paz, porque por aquí, donde yo existo, donde vivo esos demonios ya no tienen espacio para molestar.

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Llegó el viernes y ni siquiera me importa; no quiero salir con los amigos, como lo hacemos cada viernes a tomar unos tragos y cantar a todo gañote ese rock de todos los tiempos.

Prefiero quedarme aquí, brindar por mí, mientras alzo mi copa con tinto verano.

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Hoy celebro mi vida,
celebro mi sonrisa y mis
ganas de vivir, mis ganas de reír,
porque después de tanta
tormenta finalmente
el arco iris llegó a
mis ojos.

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Fotografías libres de derechos de autor:
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