Silla vacía


Arrópame la vida madre mía,
que tengo el alma desnuda;
decidiste irte sin ninguna despedida,
dejando tu cuerpo y tu silla vacía.

Quédate conmigo un instante más,
no te alejes para siempre de mi vida,
no me dejes, no te separes más de mí,
por favor te pido, abrázame con tu vida.

Arrópame otra vez con tus brazos
y déjame escuchar tu corazón;
quiero sentirte de nuevo con vida
para calmar mi tristeza interior.

Fuiste siempre mi gran bendición,
que enternecía todo mi corazón.
Pude llenarte de besos siempre
y devolverte tu infinito amor.

Al irse papá, entraste en un laberinto
de profunda e infinita desolación,
pero me tenías siempre contigo
cuidándote con entrega y amor.

Te daba paseos en tu silla de ruedas,
te llevaba a la playa y allí te consentía;
hablábamos de los amigos y la familia,
pero no recordabas que comiste ese día.

Despertabas nerviosa en las madrugadas
preguntándome por qué seguías con vida;
ya no te gustaban los paseos en tu silla,
decías que preferías echar una siestecita.

Hoy ya no habrán más paseos.
Se acabaron los besos y las caricias
y sin decir más, te has ido de esta vida,
sin silla, sin dolor y sin despedida.

Ya no habrán los cuentos de la familia
y no hace más falta la despedida;
te seguiré diciendo que te quiero
hasta que vuelva a besarte en la mejilla.


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