Cuando cae la lluvia


Las gotas de lluvia golpeaban
el vidrio de la ventana,
realizando un misterioso danzar.

Cuando esto sucedía,
ella solía sentarse cerca y mirar
como las gotas se estrellaban
contra la ventana.

La lluvia se hacía más intensa,
más copiosa, más estridente,
impidiéndole escuchar otra cosa,
que no fuese ese sonido.
Todo dejaba de existir para ella.





La lluvia crecía como un gran árbol
sobre los demás árboles,
queriendo derribarlos.
El viento soplaba
de una manera vertiginosa.

Se iba acercando la noche
triste y lluviosa, fría y sombría.



Todo estaba en tensa calma,
en un terror apacible;
en una agonía inquietante
y en una angustiosa espera.

Y llovía, llovía sin poder parar…

Los árboles parecían esperar
resignados su suerte,
como los ancianos
esperan la muerte.

Era una sensación hueca,
totalmente vacía,
carente de toda emoción
que oprimía el corazón.

Y la lluvia crecía, crecía sin poder parar…




La tensión se iba acelerando,
un sudor frío recorría su rostro
y una emoción indescifrable,
le contenía el alma.


La lluvia cantaba sus tristezas,
aliviando su dolor,
calmando su ahogado llanto.

El cenicero lleno de colillas,
reposaba sobre la mesa junto a la ventana;
le dirigió una mirada de soslayo,
lanzando un suspiro de resignación
pensando que esos cadáveres de cigarrillos
se asemejaban a su alma desconsolada.




Allá, a lo lejos, un sendero
de oscuridad de inmensa soledad,
iba apareciendo ante sus ojos.
Era como un camino abandonado,
perdido en lo infinito;
no había noción del tiempo.

Sin embargo, parecía no importarle,
era como si el mismo mundo
hubiese detenido su marcha…



Fuente de imagenes:
Portadaventanaflores,
tormentaflores
cigarrillosreloj.

 
Licencia de imágenes.

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